Hay historias que nos recuerdan por qué amamos lo que hacemos.
Esta semana tuvimos el privilegio de preparar algo muy especial para Margareta y Arne. Queríamos que vivieran una velada distinta, íntima, pensada solo para ellos.
Transformamos un espacio en un rincón romántico: velas encendidas, luz cálida, ambiente acogedor y una mesa cuidadosamente preparada. Cada detalle fue elegido con intención, desde la presentación hasta el ritmo del servicio.
Pero lo más importante no fue la decoración.
Fue la atención personalizada, el cuidado en cada gesto y el deseo de que simplemente pudieran relajarse, mirarse, conversar… y disfrutar del momento.
Porque para nosotros no se trata solo de ofrecer una cena. Se trata de cuidar y crear recuerdos que viajen con ellos mucho después de volver a casa.
Gracias, Margareta y Arne, por permitirnos formar parte de vuestra historia.